lunes, 11 de diciembre de 2017

Cuento de invierno


Me gustan poco los viajes, cada vez menos la verdad, cuando era pequeña y veía un billete de tren o de autobús me mareaba, me daban náuseas, totalmente psicológico pero quien ha sufrido los efectos del mareo lo entenderá muy bien; me ocurría siempre y lo curioso es que me he pasado la vida haciendo maletas. Está claro que con los años te acostumbras a todo y no hay duda que viajar es una buena manera de fomentar la cultura conociendo mundos diferentes.

Las calles siguen alfombradas de hojas caídas y mojadas, amarillentas, pardas y resbalosas. Como de costumbre por estas fechas hay que hacer un viaje obligado, así que con el mínimo equipaje voy a la estación de ferrocarril que tengo cerca, porque el tren del Otoño está a punto de llegar a su destino final. 
Me gustan los trenes antiguos, aquellas viejas locomotoras de vapor tenían su encanto, el sonido de la campana y del silbato, el humo que se formaba por la condensación, era como estar en las clásicas películas de la genial Agatha Christie. Pero el tren que espero nada tiene que ver, es un tren nuevo que no trae retraso nunca, llega siempre a tiempo y como es lógico vendrá envuelto en una neblina espesa, helada, los vagones adornados  elegantemente con carámbanos y traerá frío, mucho frío. Sí, lo habéis adivinado, se trata del tren llamado Invierno que va a entrar puntual en la estación de Diciembre.

Un viento gélido invade el ambiente cuando el tren llega al andén y los viajeros bien abrigados se preparan para recibirle. Prisas y más prisas por subir cuanto antes, qué nerviosa me pongo, siempre creo que lo voy a perder, otra manera más de angustiarme.
Subo al primer vagón, qué ambiente más helado, hasta en los asientos hay escarcha. Me acomodo como puedo cerca de la ventanilla, entonces alguien con ojos brillantes y una gran sonrisa aparece caminando por el estrecho pasillo y un sonido de cascabeles le acompaña. Es el espíritu de la Navidad -me dicen- viaja en el tiempo buscando las tradiciones perdidas, recuperando cánticos y tarjetas olvidadas, llevan en su capa colgada una pandereta de las de antes, aquellas de piel de oveja sin lana o de panza de burro.


Agradecería un buen café caliente, sin espuma, como siempre lo pido y casi nunca me lo sirven. Abro la puerta corredera y todo el personal sentado está absorto con el móvil, parece que ya la Navidad no les importa. 
Un tintineo de cristales suena a la vez que el traqueteo del tren. Al rato, un personaje de edad avanzada y apoyado en un bastón troquelado, entra en el recinto, lleva algo grabado que no distingo bien. En la cabeza un sombrero calado hasta las orejas, una bufanda raída y bajo los mitones agujereados asoman unos dedos largos y enjutos propios de la edad.
El buen hombre se acerca con paso torpe y ya puedo leer lo que tiene grabado en el bastón, es una fecha, 2017.
 
- ¿Molesto si me siento a su lado?.
- No, para nada caballero, hay asientos libres.

Está helado, las cejas blancas como la escarcha y un semblante triste y cansado. Pensé en hacerle alguna pregunta pero no hizo falta, enseguida se percató de mi mirada interrogante.

"Yo fui - dijo-
columna ardiente, luna de primavera,
mar dorado, ojos grandes.
Busqué lo que pensaba
viví como el amanecer en sueño lánguido
lo que pintaba el deseo en días adolescentes.
Canté, subí.
fui luz un día
pero arrastrado en la llama,
como un golpe de viento,
que deshace la sombra,
caí en lo negro.
En el mundo insaciable.
He sido"

Su tiempo se está agotando, ha subido al tren de Diciembre para despedirse y pasar el testigo al joven que viaja cargado con el grave peso de doce meses, 365 días, un nuevo año para todo el que quiera vivirlo llenándolo de ilusión, esperanza y sobre todo de sueños. 
 
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El poema está inspirado en un texto de Luis Cernuda.( Sevilla 1902).
Quizá este relato os parezca infantil, pero todos en esta época nos volvemos un poco niños.

Airblue.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Calentitas

Camina cuesta abajo el otoño, hasta ahora un suave otoño que invita a pasear por la ciudad y darte cuenta de lo rápido que pasa el tiempo. Las calles ya están adornadas con guirnaldas de luces anunciando la Navidad, todo preparado para el consumo que cada año se adelanta más. Por fin he visto castañeros en las esquinas y entradas de metro, sin pañuelo ni mitones como los de antes. Con la llegada del frío la gente compraba castañas y de paso se calentaban las manos, una estampa típica de otoño-invierno siempre agradable, aunque el progreso haya modernizado los puestos y ya no sean de carbón, las castañas se siguen comprando y además tienen muchas propiedades, pocas calorías y mucha fibra.
Solo podemos detener el tiempo en nuestra imaginación y es inevitable volver a aquellos años en los que por diez pesetas comprabas un cucurucho de papel de periódico lleno de castañas asadas, que después te dejaban las manos negras como el carbón. A la salida del cole, el puesto del puente de la ciudad que me vio crecer, se llenaba de gente esperando una nueva y caliente tanda de castañas.


A esta hora de la madrugada soy feliz recordando, nadie va a marcarme el tiempo de sueño, a nadie le importa si duermo o vigilo, entre otras cosas porque prefiero disfrutar de este callado silencio en el que todo parece detenerse. Siempre me ha gustado la noche, dicen que te embriaga en sueños imposibles y pasear por el mundo interior evadiéndose del mundo real es un lujo, sobre todo cuando el vaivén diario te permite pocas pausas. El cuerpo se relaja si el alma se serena y eso lo sabemos todos aunque a menudo se nos olvide.
Tampoco importa que me llamen soñadora, la experiencia me ha demostrado que soñar despierto es positivo y necesario, la memoria mejora y la empatía es más fuerte, beneficia la creatividad y ayuda a ser más eficiente. Soñar que consigues tus metas no hará que éstas se logren, sin embargo, te prepara para caminar hacia ellas.
Pero... qué metas, ¿existen de verdad metas en la madurez de la vida? lo que íbamos a ser, ya lo somos y lo que no íbamos a ser, no lo fuimos… ni lo seremos. En mis sueños veo este tranquilo período de transición, este suave equinoccio, como una etapa en la cual el barco ha dejado de navegar en el abierto y tormentoso océano y entra en la seguridad placentera de una grande y tranquila bahía. Pensamientos y reflexiones para liberar tensiones, aunque el recuerdo te produzca un nudo en la garganta.
Pequeñas cosas, como un simple puesto de castañas te hacen ver la belleza de la vida, es una suerte poder contemplarla día a día, minuto a minuto y ahora tengo que hacer mención a mi amigo Manolo, estando en una residencia está viendo un mundo diferente, pero cuenta con los ojos del corazón, con ellos puede seguir disfrutando de aquellas anécdotas que contaba.
 Hay muchas pequeñas cosas que con los años he recogido para guardarlas bajo llave, cosas que he hecho mías y que quizá me las he apropiado indebidamente:

El nacimiento de una flor, el brillo del sol, amanecer en el mar, el olor de mi infancia.
La lluvia que cae, el azul del mar, unas manos que se abren sin tener nada que dar, porque ya todo lo han dado.
La sonrisa tuya, la paz de un niño durmiendo, la inocencia.
Las caricias de una madre, las lágrimas del huérfano, la salud de un cuerpo y el placer de haberlo creado.

Éstas son las pequeñas cosas que llenan mi vida. Ah! y el aroma a castañas recién tostadas junto a la chimenea.





lunes, 20 de noviembre de 2017

La blanca silueta

El día 19 de noviembre, este blog cumplió once años. Muchos son los que han dejado de visitarle, muy pocos son fieles desde el principio, pero mientras haya uno, tan solo uno de los lectores que deje su huella, este Aire Azul seguirá soplando.

Os dejo una de mis primeros escritos. Para algunos es ya conocido, para otros quizá no.

LA BLANCA SILUETA.





Estaba allí, sentada en la bahía, muchacha de mirada fría y ojos penetrantes. Tenía el rostro helado, la tez demasiado pálida y la ropa  mojada por las saltarinas gotas que el mar regalaba.  Quieta y pensativa miraba a lo lejos, apartando de vez en cuando los bucles de un cabello alborotado por la brisa. Tenía la piel blanca como la espuma. Pensé en acercarme más a ella pero el revoloteo del viento no me permitía fijar bien la vista; llevaba mi caballete de tosca madera y los enseres de pintura que pesaban demasiado, y opté mejor por quedarme quieta, en silencio, observando su silueta entre las pequeñas dunas que se habían formado durante la noche.

¿Quién será?- me preguntaba- parece una diosa, o quizá una hermosa sirena de esas que dicen los cuentos que viven en el mar. No había ninguna manera de averiguarlo, así que sin más conjeturas me dispuse a montar mis aparejos para pintar aquella enigmática belleza. Preparé un lienzo de los mejores y lo sujeté como pude al bastidor. Mi primera intención sería poner algo de color en sus mejillas y más brillo en los ojos. Con la ayuda de un pincel todo es posible.
Los pinceles hacen maravillas, pueden iluminar las tinieblas de la noche y en cambio llenar de sombras la claridad del día, de cada rayo de sol colgar una estrella y cambiar a capricho los colores del  arco iris. El pincel es como la pluma de un escritor, como la musa del poeta, o el pentagrama del compositor. Joan Miró decía que "El color de una simple línea pintada con el pincel puede llevar a la libertad y a la felicidad."


  Tomando entonces el bastidor, comencé a dibujar la frágil silueta en el lienzo. Mientras perfilaba  el boceto el lápiz se deslizaba a una velocidad increíble y los tonos se difuminaban sin esfuerzo. Casi sin darme cuenta tenía ya su perfil perfectamente delineado y los colores se habían mezclado al ritmo de un baile. Me sorprendió la facilidad con que se plasmaba su imagen. El tono rosado de sus mejillas cambió la expresión fría de aquel rostro y el azul intenso que había dado a su mirada, reflejaba el tono del mismísimo mar. Me quedé un instante contemplando mi obra, pero solo un momento, porque algo inexplicable ocurrió. La mujer que yo había dibujado en el cuadro desapareció de repente, el lienzo estaba completamente blanco, el dibujo se había borrado como si una ráfaga de brisa hubiera barrido hasta los más diminutos trazos.

Sorprendida levanté la vista para ver si la señora seguía allí y allí estaba, quieta y con una leve mueca sonriente. Entonces me atreví a acercarme a ella un tanto aturdida y confusa.
- No comprendo qué ha sucedido ... dibujé tu imagen y se borró . No es posible que el viento haya arrasado la pintura y el agua del mar ni siquiera llega hasta aquí - .
Por fin unas palabras con voz dulce y suave pude escuchar mientras se acercaba lentamente hacia mí: 
-" Nada ha entorpecido tu obra, cierto es que el aire sopla fuerte y la brisa enerva el oleaje, pero ¿no sabes que nadie puede pintar el ALMA?".

Después de aquella frase me quedé sin palabras y de nuevo volví a mirar al acantilado. Esta vez no estaba, había desaparecido de la bahía, la blanca muchacha se había esfumado como la espuma.
Estuve un largo rato sentada en las rocas, quizá dormida , quizá soñando, no lo sé... no puedo explicarlo, desde ese día sé que no es posible pintar el ALMA, sin embargo mis ojos lo vieron, estoy segura de que por unos instantes tuve la oportunidad de dibujar la frágil silueta del ALMA, de mi propia ALMA o tal vez la de cualquiera de ustedes.

Muchas gracias a todos y a mi amigo Genin, fiel seguidor desde el principio.




 

jueves, 16 de noviembre de 2017

أبو عبد الله محمد بن موسى

Le preguntaron al gran matemático árabe Al-khwarizmi ( حساب الجبر و المقابلة) sobre el valor del ser humano, y éste respondió:

"Si tiene ética, entonces su valor es = 1.
Si además es inteligente, agréguele un cero y su valor será igual a 10.

Si también es rico, súmele otro 0 y será = 100.

Sí por encima de todo eso es además una bella persona, agréguele otro 0 y su valor será =  1.000.

Pero, si pierde el 1, que corresponde a la ética, perderá todo su valor pues solamente le quedarán los ceros.

 
Así de sencillo: sin valores éticos ni principios sólidos no queda nada, solamente delincuentes corruptos y malas personas."


Matemático, astrónomo y geógrafo. Debemos a su nombre y al de su obra principal, nuestras palabras álgebra, guarismos y algoritmo. De hecho, es considerado como el padre del álgebra y como el introductor de nuestro sistema de numeración denominado Arábigo.

Ahí queda eso...



 

jueves, 9 de noviembre de 2017

Paseando entre cipreses


Noviembre se alza entre cielos de piedra y un sol tempranero que se apaga pronto al acortarse los días. La luz se esconde entre ellos, vuelven los duendes en la negrura y comienzan a vestirse las noches de bruma.
 Hace poco olía a flores, ahora lucen frondosas en las tumbas para morir en breve. Hace nada la luna desalojaba sombras y bajo un azul naciente, amanecía. Los cuerpos despertaban alegres, listos para seguir el viaje de la vida.
En noviembre no huele a nada. La luna extiende su túnica para protegerse de la humedad que del suelo emana. Los esqueletos de los árboles esperan ansiosos la lluvia y la noche va cayendo en un ligero vapor de ceniza.
Ayer caminé entre cipreses, y mirando hacia arriba, veía en el cielo los guiños de las madrugadas de mis desconciertos, parece que vuelan legiones de místicos ángeles con olor a incienso.
Ayer olía a crisantemos y sentí escuchar a lo lejos la potente voz del Tenorio.

Feliz noviembre amigos.

viernes, 3 de noviembre de 2017

El poder del ahora




Muchas veces durante el tiempo que llevo escribiendo en este blog, he hecho alusión a temas relacionados con la mente y siempre repito lo mismo, que puede llegar a ser el peor enemigo del ser humano, debido a la fuerza y al poder que ejerce sobre nosotros. La expresión en el latín clásico "Mens sana in corpore sano", cuya traducción es " Una mente sana en un cuerpo sano", está extraída de uno de los poemas satíricos escritos por el autor romano Décimo Junio Juvenal, entre los siglos I y II d. Cristo.
Concretamente pertenece a la Sátira X (línea 356) en el que la frase entera dice:
‘Orandum est ut sit mens sana in corpore sano’
(Debemos orar por una mente sana en un cuerpo sano)
Mantener el equilibrio perfecto entre cuerpo y mente podría compararse al acierto de conseguir el bienestar y la felicidad durante toda nuestra vida. El momento presente a veces es desagradable, inaceptable y horrible. Es como es.
Si te fijas, tu mente le pone una etiqueta y en este proceso de etiquetar, ese continuo juicio, nos crea dolor e infelicidad.
Estamos en tiempo de reflexión, el calendario nos recuerda lo efímera que es la vida dedicando unas fechas donde la muerte es la principal protagonista. No hay que tener miedo a morir, sólo hay que saber aprovechar la vida manteniendo un cuerpo cuidado y una mente bien clara, sin velos que la oscurezcan. Es importante observar la mecánica de ésta y sus patrones de resistencia, para poder permitir que el momento presente sea. Se trata de lograr sentirnos internamente libres de todas las condiciones externas, y probar el estado de verdadera paz interna. Después observar qué ocurre, y actuar si es posible y necesario.
Aceptar y después actuar. Aceptemos cualquier cosa que contenga el momento presente y trabajemos a favor de ese momento, no contra él. Hagamos del presente nuestro amigo y aliado, no nuestro enemigo. Cierto es que si lo logramos podríamos transformar nuestra vida.
Un ejemplo sería el dolor que sufrimos de niños, este dolor acumulado es un campo de energía negativa que se aloja en ambas partes. Se conoce por cuerpo-dolor emocional. Todos hemos padecido alguna vez dolor emocional. Si lo has sentido ¿cómo lo has solucionado?. Muchas son las personas que acuden a un psicólogo cuando ellas mismas no pueden con ello, pero es importante hacer un esfuerzo por poder solventar nuestros problemas nosotros mismos. No hay mejor psicólogo que uno mismo.


Igual esta entrada os parece un poco complicada, o un tanto liviana, voy a resumir:
Enfoquemos la atención en lo que sentimos dentro de nosotros. Identifiquemos el cuerpo-dolor, lo que nos hace daño, y aceptemos que está ahí. No pensemos en él, ni juzguemos ni analicemos. Solo hay que mantenerse en el presente, ser capaces de estar alerta, observar lo que sentimos por dentro en lugar de vernos arrastrados por ello. Un intenso ejercicio espiritual que permite una rápida transmutación de todos los dolores del pasado.

La entrada está basada en el libro "El poder del ahora" de Eckhart Tolle.
Una respuesta a la urgente necesidad de nuestro tiempo: la transformación de la consciencia y la aparición de una humanidad más iluminada.
Difícil pero no imposible.

Airblue


jueves, 12 de octubre de 2017

Leonid Afremov



Estoy dudando si de verdad estamos en otoño. No es normal un tiempo así en las fechas que estamos. No, si ya lo dijeron los pronósticos, que no suelen acertar la mayoría de las veces, a pesar de los modernos aparatos que hay en la actualidad, pero esta vez han dado en la diana: el otoño será más cálido y seco y esto claro, tiene sus pros y sus contras. La temperatura influye muchísimo en el estado de ánimo; los que gustan del sol y el calor, estarán encantados del buen tiempo y tendrán hasta más energías. La depresión otoñal se retrasa aunque los días sean más cortos y las noches más largas.
Expertos de la organización especialista en trastornos mentales, afirman que durante el otoño las personas comienzan a presentar tristeza y apatía diaria, debido a la reducción de horas de luz y la llegada del frío.
 La explicación es sencilla: Cuando oscurece el cerebro libera melatonina, hormona que participa en la generación del sueño y disminuye el nivel de serotonina, neurotransmisor fundamental para tener buen humor, por lo que al no haber suficiente iluminación natural durante los días otoñales, las personas pueden sentir somnolencia todo el día y pueden estar irritables.
Los contras? los cambios bruscos de temperatura que activan los virus y comienzan los largos catarros. Frescor mañanero y calor que a mediodía nos hace despojar de las prendas, que por salir temprano de casa nos vemos obligados a poner.
Y como hay gustos para todo, yo prefiero un  octubre con ropa de entretiempo y si hay que desempolvar el paraguas para recibir a la lluvia, bendita sea que va haciendo falta.

No nos vamos a librar de los típicos días otoñales, la naturaleza pronto pasará factura. Mientras tanto os dejo unas imágenes preciosas del artista que sabe pintar el otoño y la lluvia como nadie y lo hace sólo usando una espátula.
Conseguir el efecto lluvia no es fácil, brillo y reflejos son el ensamble perfecto para que el agua y la luz den sensación de alegría, de una luminosidad ocre casi real.

Leonid Afremov es un pintor nacido en la ciudad bielorrusa de Vitebsk, en el año 1955. Sus pinturas generalmente son paisajes y figuras coloreados vívidamente; usualmente pintados mediante espátula y pintura al óleo. Se graduó en la Escuela de Arte de Vitebsk, fundada por Marc Chagall en 1921 quien tuvo notables personalidades como Kazimir Malevich y Wassily Kandinsky. En 1990 cuando descubrió que sólo la propaganda comunista se vendería en la Unión Soviética, Afremov se mudó a Israel. Al cabo de dos semanas, encontró un trabajo en una agencia de publicidad pintando carteles, pero en las vísperas de una exhibición, su estudio fue destruido por vándalos. Después que su galería de arte fuera destruida por judíos ortodoxos, se mudó a los Estados Unidos.

Leonid comenta sobre su trabajo: "He intentado diferentes técnicas durante mi carrera, pero sobre todo me enamoré de la pintura al óleo con espátula. Cada obra de arte es el resultado de un largo proceso, cada lienzo nace de mi búsqueda creativa, cada cuadro está lleno de mi mundo interior. Cada uno de ellos posee impregnado diferentes estados de ánimo, colores y emociones...
Me gusta expresar la belleza, la armonía y el espíritu de este mundo en mis pinturas. Mi corazón está completamente abierto al arte, por lo tanto, me gusta la creación de bellas pinturas inspiradas desde el fondo de mi alma. Cada una de mis obras de arte refleja mis sentimientos, la pasión por la sensibilidad, y la música de mi alma. El verdadero arte está vivo e inspirado en la humanidad. Creo que el arte nos ayuda a ser libres de la agresión y la depresión... Actualmente soy conocido en todo el mundo."

Vendrá pronto el tiempo otoñal y con una buena dieta sin excesos ni privaciones y una actitud positiva el otoño dejará de ser, según algunos, la estación nostálgica del año.

A todo a quien el otoño le parece triste.